LAS BEBIDAS ALCOHÓLICAS,
¿SON EN
VERDAD “ASESINAS DE NEURONAS”?
Algunos de los
efectos de esta sustancia sobre ciertas funciones del cuerpo que comúnmente son
asociadas con el sistema nervioso no tienen que ver con la desaparición de
neuronas.
Desde el principio
de la conciencia y las adicciones humanas, del reconocimiento de la ineptitud
humana, se ha sabido que el alcohol significa una fuente de problemas tanto
para la salud humana como para las relaciones de las personas sujetas a este
tipo de vida descarrilada.
Por ello es normal que los nervios y el miedo
sin fundamentos traigan consigo el origen de información totalmente falsa e
incorrecta acerca de los efectos del alcohol dentro del cuerpo humano.
El
que el alcohol mata neuronas, es uno de ellos.
¿Cómo empezó?
El mito
probablemente se relaciona con la derogación de la decimoctava ley de enmienda
en E.U., de 1913, que dicta:
Sección 1. Un año después de la ratificación de este artículo quedará prohibida por
el presente la fabricación, venta o transporte de licores embriagantes dentro
de los Estados Unidos y de todos los territorios sometidos a su jurisdicción,
así como su importación a los mismos.
Y que finalmente fue reforzado por un estudio
realizado en 1990 por unos tales Harper y Krill, en donde el par afirmo que los
alcohólicos tenían menos neuronas que una persona con consumo moderado de la
misma sustancia o que una que repudie las bebidas.
Lamentablemente, su existencia ha acarreado
más problemas de los que le hubiera gustado resolver.
El objetivo de este artículo es desmentir de
una vez por todas todo lo falso anteriormente dicho sobre el tema. Evitemos
malentendidos innecesarios.
¿Qué sucede entonces?
Para poder probar
el punto y debido a lo incoherente que sonaba para los conocedores y
científicos el hecho de que el alcohol
produjera problemas en un área tan fuera de contexto como lo son las células en
el cerebro que controlan todo el sistema nervioso. Sonaba incoherente. Era incoherente.
Tenía que haber una explicación menos
drástica para lo torpes que suelen ser los borrachos en cuanto a habla y
movimiento.
Como todos conocemos, cuando un científico
tiene dudas no suele quedarse con los brazos cruzados y busca resolverlas por
todos los medios, incluso si es por su propia cuenta.
Fue así como empezó la etapa de
descubrimiento, de investigaciones, experimentos sencillos y otros no tanto que
dieron origen a que finalmente, 60 años de la ley de enmienda (1993), dos neurólogos
comprueban que el número de neuronas de la corteza cerebral, también llamada
“materia gris”, es igual en bebedores y abstemios.
A partir de ese punto, todo comenzó a ser más
claro.
Resultados
En un principio,
afirma el vocal de la Sociedad Española de Neurología, dentro de la
neurociencia se creía que el número de neuronas encontraba su estabilidad
dentro de la etapa de gestación, para, al momento de nacer, empezar un lento
declive.
Y
que este declive era impulsado por el consumo de toxinas.
Mas tarde, se confirmó que durante la etapa
adulto neuronas generadas por células madres eran creadas por celular madre y
ubicadas en zonas estratégicas del cerebro, sin embargo, no sustituían a las
perdidas en accidentes o por enfermedades.
La revista científica “Muy Interesante” apunta que para
destruir cualquier tipo de célula sería necesario una concentración de alcohol
muy alta (próxima al 100%), siendo a partir de un nivel en sangre del 0,1%
cuando una persona puede empezar a emborracharse.
Y vamos, ¿quién más que un suicida va a meter
más del 0,5% de alcohol en su sangre?
Algo que sí hace
el alcohol en cuanto a las neuronas es modificar
la estructura física de neuronas espinosas, más enfocado ente aspecto a las
del tipo D1, lo que provoca que sean más excitables. Es decir, más perceptibles
a impulsos exteriores.
El alcohol, además
y gracias a datos generador por la Universidad de Nueva York en Buffalo, E.U., daña las dendritas en las neuronas, (dendritas: reguladores coordinación motora
y aprendizaje) esto ocasiona los problemas
de habla y equilibrio en un ente ebrio.
Esta bebida
también ocasiona daños en el hígado,
haciéndolo muchas veces incapaz de filtrar toxinas, estas, como resultado,
llegan al cerebro y pueden causar una encefalopatía hepática, afectando la
función cerebral.
Ello también produce cambios en la función
cognitiva y en la personalidad, así como alteraciones en el ciclo de sueño, e incluso
estados de como a muerte.
Aunque la materia
gris no se vea muy afectada, la “materia
blanca” era mucho menor en cerebros de alcohólicos, y las células nerviosas
que quedaban estaban atrofiadas. Pero los daños son reversibles.
¿Qué pasa al final?
Consumir esta sustancia
en exceso es perjudicial para la salud del individuo. Beber a largo plazo trae
conlleva a problemas en el hígado, el páncreas y el sistema circulatorio. Podría decirse que el cerebro queda al
margen de las lesiones.
Aunque no sea un
efecto directo, puede inhibir la producción de ciertas secreciones corporales
(como la vitamina B) que son esenciales para el proceder de ciertas funciones corporales.
A pesar de ello, la bebida si afecta a las conexiones
neuronales del cerebelo, ojo, no
a las neuronas, área de la cual depende acciones como el aprendizaje y la
coordinación motora.
Así que el número de neuronas no desciende por
beber, no es bueno beber, pero tampoco lo es quedarse con la idea de que
poco a poco matamos a nuestro cerebro a tirones. Pero es importante reconocer
que, aunque el alcohol no mate neuronas, sí
daña a la salud en general, y esto conlleva a la muerte de millones de personas
al año.
Si se puede,
entonces, no beba. Si no, al menos consuma con moderación, pues es importante
recordar que si los daños por consumo de bebidas alcohólicas en el cerebro es
mínimo, casi todos los efectos pueden revertirse en un periodo prolongado de
abstinencia o consumo moderado.
Existen incluso
estudios que sugieren que el consumo moderado de alcohol incluso puede que
mejore el rendimiento cerebral. Ya saben, por la excitación.
Referencias:






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