jueves, 14 de junio de 2018

Mi propio texto científico -Segundo poyecto




LAS BEBIDAS ALCOHÓLICAS,

 ¿SON EN VERDAD “ASESINAS DE NEURONAS”?

Algunos de los efectos de esta sustancia sobre ciertas funciones del cuerpo que comúnmente son asociadas con el sistema nervioso no tienen que ver con la desaparición de neuronas.



Desde el principio de la conciencia y las adicciones humanas, del reconocimiento de la ineptitud humana, se ha sabido que el alcohol significa una fuente de problemas tanto para la salud humana como para las relaciones de las personas sujetas a este tipo de vida descarrilada.

Por ello es normal que los nervios y el miedo sin fundamentos traigan consigo el origen de información totalmente falsa e incorrecta acerca de los efectos del alcohol dentro del cuerpo humano.

El que el alcohol mata neuronas, es uno de ellos.

¿Cómo empezó?

El mito probablemente se relaciona con la derogación de la decimoctava ley de enmienda en E.U., de 1913, que dicta:

Sección 1. Un año después de la ratificación de este artículo quedará prohibida por el presente la fabricación, venta o transporte de licores embriagantes dentro de los Estados Unidos y de todos los territorios sometidos a su jurisdicción, así como su importación a los mismos.

Y que finalmente fue reforzado por un estudio realizado en 1990 por unos tales Harper y Krill, en donde el par afirmo que los alcohólicos tenían menos neuronas que una persona con consumo moderado de la misma sustancia o que una que repudie las bebidas.

Lamentablemente, su existencia ha acarreado más problemas de los que le hubiera gustado resolver.
El objetivo de este artículo es desmentir de una vez por todas todo lo falso anteriormente dicho sobre el tema. Evitemos malentendidos innecesarios.


¿Qué sucede entonces?

Para poder probar el punto y debido a lo incoherente que sonaba para los conocedores y científicos el hecho de que el alcohol produjera problemas en un área tan fuera de contexto como lo son las células en el cerebro que controlan todo el sistema nervioso. Sonaba incoherente. Era incoherente.



Tenía que haber una explicación menos drástica para lo torpes que suelen ser los borrachos en cuanto a habla y movimiento.

Como todos conocemos, cuando un científico tiene dudas no suele quedarse con los brazos cruzados y busca resolverlas por todos los medios, incluso si es por su propia cuenta.

Fue así como empezó la etapa de descubrimiento, de investigaciones, experimentos sencillos y otros no tanto que dieron origen a que finalmente, 60 años de la ley de enmienda (1993), dos neurólogos comprueban que el número de neuronas de la corteza cerebral, también llamada “materia gris”, es igual en bebedores y abstemios.
A partir de ese punto, todo comenzó a ser más claro.


Resultados

En un principio, afirma el vocal de la Sociedad Española de Neurología, dentro de la neurociencia se creía que el número de neuronas encontraba su estabilidad dentro de la etapa de gestación, para, al momento de nacer, empezar un lento declive.

Y que este declive era impulsado por el consumo de toxinas.

Mas tarde, se confirmó que durante la etapa adulto neuronas generadas por células madres eran creadas por celular madre y ubicadas en zonas estratégicas del cerebro, sin embargo, no sustituían a las perdidas en accidentes o por enfermedades.

La revista científica “Muy Interesante” apunta que para destruir cualquier tipo de célula sería necesario una concentración de alcohol muy alta (próxima al 100%), siendo a partir de un nivel en sangre del 0,1% cuando una persona puede empezar a emborracharse.

Y vamos, ¿quién más que un suicida va a meter más del 0,5% de alcohol en su sangre?

Algo que sí hace el alcohol en cuanto a las neuronas es modificar la estructura física de neuronas espinosas, más enfocado ente aspecto a las del tipo D1, lo que provoca que sean más excitables. Es decir, más perceptibles a impulsos exteriores.



El alcohol, además y gracias a datos generador por la Universidad de Nueva York en Buffalo, E.U., daña las dendritas en las neuronas, (dendritas: reguladores coordinación motora y aprendizaje) esto ocasiona los problemas de habla y equilibrio en un ente ebrio.

Esta bebida también ocasiona daños en el hígado, haciéndolo muchas veces incapaz de filtrar toxinas, estas, como resultado, llegan al cerebro y pueden causar una encefalopatía hepática, afectando la función cerebral.

Ello también produce cambios en la función cognitiva y en la personalidad, así como alteraciones en el ciclo de sueño, e incluso estados de como a muerte.

Aunque la materia gris no se vea muy afectada, la “materia blanca” era mucho menor en cerebros de alcohólicos, y las células nerviosas que quedaban estaban atrofiadas. Pero los daños son reversibles.


¿Qué pasa al final?

Consumir esta sustancia en exceso es perjudicial para la salud del individuo. Beber a largo plazo trae conlleva a problemas en el hígado, el páncreas y el sistema circulatorio. Podría decirse que el cerebro queda al margen de las lesiones.

Aunque no sea un efecto directo, puede inhibir la producción de ciertas secreciones corporales (como la vitamina B) que son esenciales para el proceder de ciertas funciones corporales. A pesar de ello, la bebida si afecta a las conexiones neuronales del cerebelo, ojo, no a las neuronas, área de la cual depende acciones como el aprendizaje y la coordinación motora.

Así que el número de neuronas no desciende por beber, no es bueno beber, pero tampoco lo es quedarse con la idea de que poco a poco matamos a nuestro cerebro a tirones. Pero es importante reconocer que, aunque el alcohol no mate neuronas, daña a la salud en general, y esto conlleva a la muerte de millones de personas al año.

Si se puede, entonces, no beba. Si no, al menos consuma con moderación, pues es importante recordar que si los daños por consumo de bebidas alcohólicas en el cerebro es mínimo, casi todos los efectos pueden revertirse en un periodo prolongado de abstinencia o consumo moderado.





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